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Chile lidera investigación genética para cultivar sandías resistentes a las sequías

Chile lidera investigación genética para cultivar sandías resistentes a las sequías

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Tiempo de lectura: 2 minutos Los científicos identificaron genotipos de calabaza autóctona con una excepcional capacidad para reducir la pérdida de agua, lo que podría optimizar la producción frutícola de las sandías aún cuando el recurso hídrico escasea.

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La crisis hídrica se convirtió en uno de los desafíos más apremiantes para la agricultura a nivel global y, Chile no es la excepción. Un equipo de investigadores del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) identificaron genotipos de Lagenaria siceraria autóctonas de Chile, especies de calabazas utilizadas como portainjertos, que mostraron mecanismos naturales para resistir la escasez del agua. El hallazgo apuesta por una oportunidad para desarrollar sandías más eficientes en el uso de agua.

A través del Programa de Mejoramiento Genético (PMG) para Cucurbitáceas, el equipo busca aprovechar el genotipo para mitigar los impactos negativos de la sequía en la producción agrícola.

Con una superficie cultivada de casi 3.252 hectáreas, la sandía es considerada un cultivo de gran importancia en todo el territorio chileno. La región de O’Higgins, con comunas como Las Cabras, Coltauco, Pichidegua y San Vicente de Tagua Tagua destaca como un polo productivo gracias a sus condiciones climáticas favorables, que podrían verse afectadas por la disminución de los recursos hídricos.

«Los genotipos chilenos que estudiamos demostraron una notable capacidad para reducir la pérdida hídrica en condiciones de sequía. Esto significa que, al utilizarlos como portainjertos, podríamos mejorar la tolerancia de la sandía a un escenario de menor disponibilidad de agua, algo clave para la producción agrícola del futuro», explicó el investigador del CEAF, Guillermo Toro.

¿Cómo llegaron a los resultados?

Para evaluar el potencial de los genotipos de calabaza, los investigadores analizaron muestras provenientes de distintas regiones del mundo, incluyendo Sudáfrica, Filipinas y Chile. Las pruebas realizadas en Dinamarca y España mostraron que los ecotipos chilenos, específicamente los de Illapel y Osorno, evidenciaron una mayor capacidad para retener agua en sus raíces y reducir la transpiración. Esto permite a la planta mantener su hidratación por un período más prolongado, incluso en condiciones de sequía.

«La investigación demostró que estos genotipos tienen mecanismos únicos para tolerar el déficit hídrico. Uno de ellos es formar barreras en sus raíces para limitar la pérdida de agua, mientras que otro ajusta su metabolismo respiratorio para hacer un uso más eficiente del recurso disponible», señaló Toro

Enfrentar la crisis desde la innovación

Por su parte, el agricultor de la zona de Tierra Chilena en la región de O’Higgins, Pablo Retamal, valoró la aplicación para incrementar la producción y reducir las pérdidas de los agricultores.

«La experiencia de trabajar con la gente del CEAF ha sido buena, ya que están buscando una alternativa confiable como portainjerto para sandía y de genotipos chilenos. En general, en esta zona se usan plantas francas (sin injertar), pero las plantas injertadas dan más frutos por planta, entonces si se suma a que pueden soportar la falta de agua, es 100% ganancia para el agricultor», mencionó Retamal.

El uso de portainjertos es una estrategia prometedora en la agricultura, al permitir que los cultivos tradicionales se adapten a escenarios de estrés hídricos manteniendo las características del fruto. Con ello, los investigadores proyectan que el cultivo de la sandía se mantenga rentable.


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