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«Huesito de la suerte» de una perdiz chilena despeja dudas sobre evolución de dinosaurios a aves

Cooperativa Ciencia,

Tiempo de lectura: 2 minutos Analizando su desarrollo embrionario, investigadores de la Universidad de Chile descubrieron un vestigio ancestral de la formación de la fúrcula, hoy no observable en especies más comúnmente estudiadas, como el pollo.

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Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile, y con la perdiz chilena como protagonista, ayudó a despejar una antigua discusión científica sobre la herencia evolutiva de las aves respecto a los dinosaurios.

El centro de este debate es la fúrcula: un hueso en forma de «V» situado en la parte delantera del pecho de las aves y al que la cultura popular conoce como «el hueso de la suerte» (wishbone, en inglés), por la costumbre en que dos personas lo toman delicadamente por sus extremos y lo tiran al pedir un deseo. La ilusión dicta que el fragmento más grande concederá el anhelo a quien lo conserve.

La aparente ausencia de una pieza equivalente en los dinosaurios conocidos se utilizó durante mucho tiempo como argumento para cuestionar que las aves descendieran de aquéllos. En años recientes se descubrió que, en realidad, este hueso era tan pequeño y frágil que se preservaba mal como fósil, o incluso se confundía con otros, pero persistían aún las dudas sobre su proceso de conformación.

Nothoprocta perdicaria

A partir de un estudio embrionario de las primeras agrupaciones de células que forman el esqueleto, realizado en cuatro especies de aves y cinco de reptiles, los científicos descubrieron que la fúrcula no se forma sólo a partir de la unión de las dos clavículas -como se sostenía tradicionalmente-, sino que también involucra a la interclavícula, una estructura ancestral.

En los estudios de esta clase suele utilizarse al pollo como modelo animal, una especie común, pero cuyo desarrollo embrionario no refleja toda su historia evolutiva, y donde la fúrcula se forma solo a partir de las clavículas, «ocultando» la contribución del tercer hueso.

«Estudiar solo al pollo era como leer un libro al que le faltan páginas. En cambio, la tinamú (Nothoprocta perdicaria o perdiz chilena) conserva el plano ancestral que el pollo ha perdido», explica Sebastián Jiménez-Villalón, líder de la investigación.

La pieza clave

En su estudio, publicado en la revista Science Advances, los investigadores encontraron algo que nunca antes se había descrito: los embriones de la perdiz forman la fúrcula a partir de tres huesos embrionarios: dos laterales, que corresponden a las clavículas, y uno medial, la interclavícula. Esta ave chilena fue, así, la pieza clave que ayudó a determinar el modo preciso en que el «hueso de la suerte» es herencia evolutiva de los dinosaurios.

«A veces la clave está en mirar más allá de los modelos tradicionales y explorar la diversidad oculta en linajes poco estudiados», reflexiona Joao Botelho, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y coautor del estudio.

Alexander Vargas, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y también coautor, cuenta que, en su evolución, gran parte de las aves modernas tienen hoy una fúrcula de mayor tamaño, conectada con el esternón y que actúa como un «resorte» que almacena y libera energía durante el batido de las alas, contribuyendo a la eficiencia del vuelo.


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